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Notas de Interés
Adiós al embarazo, bienvenida la maternidad

Desde niña, no hay mujer que no sueñe con su futura maternidad. Jugando a las muñecas, a limpiar, a cuidar al bebé de juguete, desde que tenemos memoria
nos preparamos poco a poco a través
del juego, del ensayo, para el día en
que nos toque pasar de la fantasía…
a la realidad.

Muchos sueños y proyecciones son depositados en el “algún día
seré mamá, como me gustaría criar a mi hijo, que tipo de madre
sería, etc”.
Durante el embarazo, más allá de los miedos, todo parece estar en cierto equilibrio. La futura mamá sueña con el hijo por venir, con su nueva habitación, con que no le falte nada, si está listo el bolso para
ir al sanatorio. La panza empieza a pesar en las últimas semanas y el nacimiento comienza a desearse: por la incomodidad, por la ansiedad, para liberar los miedos.

Repentinamente irrumpen contracciones regulares y llega la hora. ¿La hora de qué? ¿De ser mamá?

En el curso de pre- parto enseñan como pujar y como es una cesárea y se ensaya con un gran deseo de tener todo lo más posiblemente controlado pero ¿realmente quien puede estar preparada para semejante experiencia?

El parto: un antes y un después.

Cuando el parto irrumpe, además del cuerpo esforzándose por dar a luz, allí, pariendo, se encuentra una mujer-madre, viviendo un momento que la marca y la hace nacer de nuevo. Un corte sin retorno se produce.
“Es algo tan personal e intransferible, que me resulta difícil ponerlo en palabras. El momento del parto fue vivido por mí como un momento de gran liberación en varios sentidos; desde el punto de vista físico me liberaba de todos los malestares propios del ultimo trimestre de embarazo; y desde el punto de vista emocional, me liberé de todos los miedos, ansiedades y expectativas que fui acumulando durante los nueve meses de embarazo” cuenta Gina que acaba de dar a luz.

Un camino de ida comienza tanto para el nuevo ser como para la madre. Un camino que muchas veces (en la mayoría) dista de lo que se proyectó e imaginó. No todo resulta ser color de rosa. Tanta ansiedad, tanta expectativa gestada durante 9 meses choca repentinamente con la realidad: el tiempo y el ruido parecen detenerse por un instante y de su cuerpo se desprende un bebé de carne y hueso. Cuando llora comienza a girar nuevamente el reloj.

Se le dice adiós al embarazo y da la bienvenida el puerperio y la maternidad.

Cambia…todo cambia

El puerperio se caracteriza por ser un período particular de cambios físicos, hormonales y psicológicos que vive la mujer y que comienza luego del nacimiento del bebé. Tiene una duración particular para cada una, determinado por su historia personal, por sus particularidades, por como se juega su nuevo vínculo con el bebé, por cómo se incluye o se deja incluir al nuevo padre.
La maternidad trasciende al hecho meramente biológico y tiene un significado a nivel social, cultural y psicológico.

Luego de la euforia por el nacimiento del bebé, se comienzan a percibir además de ciertas incomodidades físicas: episotomía, cesárea, bajada de la leche, cansancio, nuevas y desconocidas emociones que muchas veces son contradictorias y desconciertan a la nueva madre.
La mayoría de las madres se sienten, dos o tres días después del parto -que generalmente coincide con el alta médica y la llegada a la casa con el bebé -sumamente sensibles, irritables, inseguras, perdidas entre lo que anhelan y extrañan y entre lo que deben hacer, entre los mandatos y consejos externos y entre sus intuiciones más íntimas.

Los cambios siempre producen miedos, pero los cambios que vive la mujer luego del parto, son avasallantes y requieren de cierto tiempo y elaboración para poder reacomodarse, tramitarlos y comenzar a disfrutar esta nueva etapa..

“El paso de llevar a mi hijo en la panza a tenerlo de pronto en los brazos, fue sin duda algo maravilloso pero a la vez angustiante. No es la “panza” lo que extrañaba, sino el hecho de tener mi bebe dentro mío, de sentir esa “comunión” entre los dos. Éramos dos, pero a la vez éramos uno solo. Me llevó un tiempo elaborarlo. Lo único que sentía eran ganas de llorar, y no sabia porque. Sentía como si alguna parte de mi cuerpo hubiese sido amputada. Algo me faltaba y a la vez, extrañaba a mi bebe como si lo hubiera perdido. Tenía sin dudas una sensación de “perdida” cuenta Gina.

Nace un vínculo único e irremplazable

El embarazo es un momento de simbiosis entre la mamá y su bebé. Mamá y bebé son uno. Existe una armonía casi absoluta. A partir del momento del parto, dicha armonía se rompe y la madre queda sin su bebé formando parte de ella y el bebé sin su madre envolviéndolo de manera absoluta. Ya son dos. Esta separación, esta ruptura, no es sin consecuencias.

Pero más allá de lo visible mamá y bebé continúan completamente unidos emocionalmente.
Así como el bebé necesita y depende absolutamente de su mamá para sobrevivir y desarrollarse en esta etapa mamá también depende y necesita de su bebé. Ya no es sin él.
Según Spitz, - pionero en el estudio detallado de la comunicación mamá bebé-, la díada mamá- bebé se sirve fundamentalmente de un diálogo no verbal: las miradas, el tacto, la sonrisa, la manera de sostener y ser sostenido, todo ello forma parte de un sistema de comunicación único y particular entre la mamá y su bebé.
Existe una unión que podríamos decir casi “telepática”, donde no hacen falta palabras.

“Las mujeres puérperas tenemos la capacidad de estar “sintonizadas” en la misma “frecuencia” que el bebé”, lo que nos facilita criarlos, interpretar las necesidades más sutiles y adaptarnos mutuamente a la nueva vida. Por eso es frecuente la sensación de estar flotando en otro mundo, sensibles, o emotivas, con las percepciones distorsionadas y los sentimientos confusos.” Comenta Laura Gutman en su libro “La Maternidad y el encuentro con la propia sombra".

Lo perdido, lo ganado

“Estoy muy triste, me angustia la idea de haber perdido mi vida, mi propia vida. No tengo tiempo para mí, ni siquiera para bañarme unos minutos tranquila”, comenta Ileana angustiada.
Un recién nacido requiere de continua atención de parte de su mamá: el descubrirlo, cambiarle los pañales, darle el pecho cada dos horas, bañarlo, calmar su llanto, su pedido de amor. Mamá debe estar repentinamente a disposición de su bebé.

Se debe hacer un duelo por la vida pasada centrada principalmente en el sí misma, que indefectiblemente se pierde. Se pierde cierta libertad de elección y decisión sobre sí misma, el egocentrismo y cambia el eje de la vida de la mujer. Si antes era ella misma, ahora lo es su bebé. Pero no hay mamá que no transite esta etapa, que si bien es agotadora y desesperante, se da de manera natural e intuitiva y es el inicio del camino más maravilloso que puede emprender una mujer. Lo que se gana es invaluable. Poder dedicarse en cuerpo y alma a otro ser, en una entrega casi absoluta le brinda a la mujer la posibilidad de entender la vida de otro modo y desde otro lugar sumamente enriquecedor.

Cambio de identidad.

Con el nacimiento del bebé y la “internación” en la casa, se deja atrás la “vieja” vida de mujer y el mundo pasa a ser la maternidad, el bebé y el mundo: la casa.
Los viejos lugares de pertenencia: el trabajo, los amigos, el club, etc., se dejan momentáneamente de lado.” Ya no hay tiempo ni deseo para eso. Ahora solo quiero estar con mi bebé” dice Ileana.
Existe un cambio rotundo de los lugares de pertenencia y la madre debe acomodarse a este cambio.

Madre ¿se nace o se hace?

Pero además existe un cambio muy fuerte de identidad
Muchas mamás se angustian en las primeras semanas porque no saben “como ser buenas madres”. ¿Cómo saberlo? Transitando el camino. Comienza una lucha entre lo que se debe hacer, lo que está bien, lo que está mal, cual es la manera correcta de darle el pecho, cuando tenerlo en brazos, cuando no… Es que no existen palabras para lo que el bebé quiere y eso angustia. ¿Qué quiere? El espacio está en blanco. Mamá debe descubrirse como tal y descubrir a su bebé y darle palabras a su llanto.

Debemos poder tolerar la frustración al no saber que debemos darle a nuestro bebé y entender que es un tiempo necesario a transitar, con aciertos y errores. A medida que mama y bebe se van conociendo y descubriendo la angustia de esta primera etapa va cediendo.

Según Spitz, la maternidad representa una crisis de identidad y de la personalidad de la mujer que podrían compararse con la crisis de la adolescencia:
• una transformación corporal y hormonal
• un cambio de status social
• se reactivan conflictos infantiles y las identificaciones, en especial con la propia madre

La nueva identidad cuestiona la identidad anterior y su vínculo personal con su propia madre. La relación que ella tenga con su madre influye como modelo para su nuevo lugar como madre. La propia madre tiene “experiencia” y sirve de mucho apoyo y contención. La contra cara puede ser sentirla un poco “invasiva”. El reacomodamiento llevará semanas.


¿El espejo miente?

Luego del parto es muy habitual que la nueva madre no logre reconocer su nueva y repentina figura frente al espejo. “Me veo gorda, ¡mis caderas! Mis pechos van a estallar!” Son unos de los tantos comentarios que suelen hacerse las madres al verse frente al espejo. Es un nuevo cuerpo que es difícil reconocer como propio. Además se siente como un cuerpo “asexuado”. Toda la libido está puesta en el bebé.

La ropa de embarazada queda grande, la de “mujer”, queda chica. Es que en este período no es ni una cosa ni la otra. Es madre puérpera. Hay que tomar conciencia que es un cuerpo de “transición” necesario para atravesar este período y no exigirse estar a la altura de los cánones de belleza vigentes. La maternidad trata de otro tipo de belleza.
Intentar recuperar “lo antes posible” la figura es una exigencia más a las tantas que vivencia la mujer. Hay que darse tiempo y darle un espacio a lo diferente.

El apoyo de la pareja

En el puerperio la mujer se siente muy vulnerable. No solo eso. Toda su libido y atención están puestas en su bebé y así debe ser. Muchos hombres no entienden los cambios emocionales de su pareja, se sienten dejados de lado. Es fundamental que la parturienta acepte este estado como tal y pueda explicarle a su pareja como se siente para así darle espacio para que la acompañe, la apoye y le tenga paciencia.

También es muy importante que la mujer le de el espacio al nuevo papá para que se sienta incluido en los primeros cuidados del bebé y encuentre un lugar para involucrarse emocionalmente.
Con dialogo y de a dos todo cambia de color.

Depresión post parto. ¿Qué es?

La depresión posparto es una de las enfermedades más frecuentes tras el parto ya que afecta a una de cada diez parturientas. Si no se trata adecuadamente puede persistir durante meses e incluso años y consiste en el desarrollo de una depresión en la madre tras el nacimiento de su hijo.

En general esta depresión pareciera no tener sentido: " Deseaba
tanto tener este hijo y ahora que lo tengo me siento completamente desdichada". En algunas mujeres los cambios hormonales y físicos,
así como la responsabilidad de una nueva vida, pueden llevar a una depresión de posparto. Aunque las madres nuevas comúnmente tienen periodos pasajeros de tristeza, un episodio depresivo severo
no es normal y requiere tratamiento. El tratamiento por un médico sensible, y el apoyo emocional de la familia son de importancia vital para que la nueva madre recupere su bienestar físico y mental.
Tenemos que saber que este paso existe, y que es necesario transitarlo con sus idas y venidas, con sus alegrías y sus llantos. Crecer duele, los cambios asustan. Pero una vez caminando y
mirando atrás nos damos cuenta que ser madres es el cambio
más maravilloso de nuestra vida.

Lic. Carolina Micha
Especialista en desarrollo infantil de Primeros Pasos Producciones
MN: 27874