Notas de Prensa
Notas de Interés
 
Las notas más leídas
1. La llegada de un hermanito
2. La importancia de la Música en los bebés
3. Cómo se establecen los vínculos con tu hijo
4. El desarrollo de los
sentidos de tu bebé
5. Beneficios para tu bebé de aprender otro idioma
 
 
 
Notas de Interés
El valor del juego

Jugamos a las escondidas, a la pelota, a pintar, a las cartas, a trabajar. Los juegos forman parte de nuestras vidas a diario. Mientras nosotros, los adultos jugamos por placer, para los más chiquitos, el juego tiene una función particular: para ellos jugar es aprender. Aprender sobre el mundo que lo rodea, sobre qué objetos existen, para qué sirven, aprender sobre sí mismos y sobre los demás.
El juego permite al niño sentirse causa, ejercer sus poderes, ver concretada su capacidad de producir algo y de esta manera incrementar su autoestima, su imaginación, su desarrollo intelectual y motríz.

 

Cuando observamos a un pequeño jugar, podemos saber sobre su estado emocional. Los niños pequeños no cuentan con un lenguaje fluido para expresarse. El juego es la vía ideal para transformar sus sentimientos y emociones en acciones. Por ejemplo al observar jugar al pequeño con títeres o muñecos, podemos darnos cuenta en sus actos, como se siente, que le pasa, si algo le genera conflicto.
Los juegos también nos cuentan sobre la etapa del desarrollo en la que se encuentra, ya que estos van variando a medida que el niño crece porque se amplían sus intereses y habilidades.

En los primeros tres años es fundamentalmente importante que los padres dediquen tiempo exclusivo a jugar con sus hijos ya que en este período, los niños aún no saben jugar con sus pares, juegan de manera "paralela". Compartir el espacio de juego con nuestros hijos aunque sea un ratito nos permite ponernos a "su altura" y lograr una sintonía muy especial que fortalece el vínculo. Diversos estudios han demostrado que los padres que se relacionan con sus hijos a través del juego en la infancia, han tenido menos problemas en la etapa difícil de la adolescencia.

La necesidad de jugar es innata, así lo recoge en su artículo séptimo la Declaración de los Derechos de la Infancia de 1959, que cataloga al juego como un derecho universal, una evidencia del desarrollo cultural que aspira a procurar a los niños el mayor bienestar. Sus elementos definitorios son:
• El juego es placentero y divertido.
• Sus motivaciones se quedan en sí mismas y no se hallan al servicio de otros objetivos. De hecho, es más un disfrute de medios que un esfuerzo destinado a algún fin en particular.
• El juego es voluntario y espontáneo, nunca obligatorio.
• Implica participación activa del jugador.
• Ofrece tranquilidad y alegría emocional porque se sabe que sólo es un juego.
• No es necesario un aprendizaje previo.

Desde el primer día

Desde el momento en que un bebé nace, de manera intuitiva y natural mamá empieza a jugar con él, con miradas, palabras, caricias y el bebé reacciona ante ellas.
Los conocidos juegos de crianza, que surgen espontáneamente a la hora del baño, al cambiar los pañales, a la hora de comer, ayudan al bebé a tomar conciencia de su cuerpo, a sentirse querido, valorado y contenido, a aprender a esperar, por ejemplo la cuchara que llega a la boca.
El juego espontáneo en esta primera etapa permite a mamá conocer a su bebé, qué le gusta, qué no y fomenta las bases de un nuevo vínculo que durará para toda la vida.

¿Qué inventamos?

El juego comienza cuando mamá o papá se esconden tras un pañal y luego aparecen para escuchar como brota repentinamente la carcajada de su bebé. Juego que se repite una y otra vez y que invariablemente provoca la misma reacción en el pequeño. El bebé a través de este juego va descubriendo que mamá y papá pueden ausentarse por períodos pero que luego regresan. A través del juego el pequeño tramita la separación de sus padres y su progresiva independencia. Más adelante será el mismo el protagonista de la acción y pasará horas tirando al suelo objetos para que mamá o papá se los recojan y los vuelva a tirar.

Nuestro rol como padres en el juego de nuestros hijos

Cómo intervenimos en las experiencias de juego con nuestro pequeño influye mucho en el desarrollo de su personalidad.
Si en el juego le brindamos todas las respuestas servidas para que la resolución del desafío le implique al niño el mínimo esfuerzo estaremos fomentando una personalidad pasiva, receptiva que no sentirá necesidad de esforzarse para llegar a un objetivo.
Si el juego le resulta demasiado complejo, le resultará inabordable y le llegará una imagen del mundo como un lugar difícil de acceder, generándole en consecuencia frustración e inseguridad.
Si, en cambio, les presentamos las experiencias en términos de desafío, estando a disposición para lo que necesite pero invitándolo a que intente una y otra vez resolver el problema, bajo el mensaje de que él puede lograrlo se lo está valorando como persona y el se sentirá merecedor de dicha confianza lo cual favorecerá una personalidad más íntegra.
El punto de partida para saber que es lo mejor a ofrecerle en cada etapa de su desarrollo es detenernos y observar a nuestro hijo, brindarle el espacio para que nos indique qué quiere y qué necesita.

¿Existe un tiempo mínimo para jugar con nuestros hijos?

Muchos padres de hoy en día trabajamos, pasamos largas jornadas fuera de casa y al llegar nos es casi imposible relajarnos y disfrutar de un momento tranquilo con nuestros hijos por la culpa, por la ausencia, por lo que no les dimos.

No importa la cantidad de tiempo que juguemos con ellos, sino la calidad del mismo. Podemos pasar todo el día con nuestro pequeño y sin embargo no conectarnos con él ni por un instante. En cambio, podemos llegar a casa y compartir un momento de encuentro, de conexión, de estar solo para él y seguramente nos lo agradecerá. Para nuestros hijos el mejor regalo que podemos darle es nuestra presencia, nuestra atención, nuestra mirada.

¿Qué juegos o juguetes son los más recomendables?

Antes que nada tenemos que apostar a que el juego debe tener como primer objetivo el disfrute y que luego viene el aprendizaje. Si estamos pendientes del supuesto beneficio le otorga X juguete o actividad, estaremos transmitiendo a nuestro pequeño nuestras ansiedades e intereses y no debemos olvidar que el protagonista en el juego es el niño. Protagonista que elige su juego y cómo jugarlo. Las mejores experiencias de aprendizaje suceden cuando los niños eligen lo que quieren hacer. Esto se llama “juego libre o autodirigido”. Por ejemplo jugar a la casa de muñecas, a hacer un collage, a recorrer un sillón con un autito. En todo juego productivo la diversión está en el hacer.

Los juegos más enriquecedores son aquellos que lo invitan a estar intencionalmente involucrados en lo que están haciendo, por ejemplo al dibujar, al bailar, al inventar una canción. Los juguetes a pilas o los muñecos que hablan le brindan todo servido al niño y la novedad se desvanece pronto.

¿Juguetes, juguetes y más juguetes?

La sociedad en la que nos toca vivir actualmente no es la de hace unos años atrás: los tiempos son otros, vivimos a otros ritmos, tenemos más exigencias y el consumo tiene una fuerte influencia en nuestras vidas; vivimos en la era del consumo de información y de objetos y en la era de la velocidad: necesitamos respuestas y resultados rápidos, siempre nos falta tiempo, nos es difícil detenernos.
Nuestras acciones inevitablemente están influenciadas por el tiempo, la cultura en la que vivimos y ello determina cómo educamos y nos dirigimos a nuestros hijos.
La oferta de juguetes de hoy en día es impresionante y no solo eso: los juguetes ahora prometen beneficios que prometen “superniños”. Las largas horas fuera de casa que nos generan culpas o la necesidad de que a nuestro hijo no le falte nada nos conduce muchas veces en una compra compulsiva de juguetes. ¿De esta manera que le transmitimos a nuestros hijos? ¿Qué los objetos tiene valor o que todo da lo mismo?
Lo importante es ofrecerle un juguete por vez y darle tiempo al pequeño para que lo explore y por sus propios medios descubra diferentes juegos o actividades para hacer con el mismo. La mejor receta es darle espacio para que nos pida, para poder elegir y sobre todo para desear y aprender a esperar.

Nosotros, su juguete preferido

Para nuestros hijos el mejor juguete somos nosotros, sus padres. Las experiencias compartidas son mucho más enriquecedoras para el pequeño ya que el aprendizaje para el niño se da en dos planos:
un plano cognitivo que tiene que ver con la nueva adquisición y el plano afectivo donde el hecho se impregna de un valor particular. Mamá y papá son los responsables de unir lo cognitivo y lo afectivo.

Primer trimestre


Cuando tu bebé nace, sus movimientos al principio son poco coordinados, puede voltear la cabeza de lado a lado, y ver objetos a una distancia de aproximadamente 20 cm. En esta etapa le llaman la atención los colores contrastantes, (dado que su visión aún no está desarrollada como la de los adultos), por eso son recomendables los juguetes u objetos con éstas características como por ejemplo con colores negro, blanco y rojo. También disfruta mucho de la música suave, y mejor aquella que escuchaba mamá en la panza, ya que la reconocerá y le trasmitirá una enorme seguridad. Los móviles coloridos y musicales resultan sumamente atractivos y le permiten comenzar a diferenciar el movimiento de la quietud.

Entre los 3 y 4 meses

Alrededor de los 3 meses tu bebé cuenta con la capacidad de mirar voluntariamente lo que desee y empieza a interesarle el mundo que lo rodea más allá de mamá. Comienza a agarrar voluntariamente objetos relativamente grandes con toda su mano por eso se fascinará con los juguetes coloridos confeccionados con distintos materiales, texturas y formas para estimular todos sus sentidos. Si hacen ruido, además de estimular el sentido del oído, estimularán también el desarrollo de su coordinación motora más rápidamente. Los títeres de boca y ojos grandes son una excelente herramienta a partir de esta etapa ya que se asemejan al rostro humano que es lo que más les llama la atención del bebé y los invita a comunicarse moviendo todo su cuerpo.

6 a 9 meses

A medida que va creciendo, aproximadamente entre los 6 y los 9 meses, el juego se torna mucho más interactivo debido a que puede sentarse y gatear, esto le permite ver el mundo de otra manera, desde otro ángulo más enriquecedor. Además cuenta con la habilidad de poder acercarse por si solo a los objetos que desee. Por esta razón se divertirá con los juguetes que caminen o se desplacen como también aquellos que pueda golpear, apretar y tirar al suelo haciendo mucho ruido. Las pelotas, los autitos, los muñecos a cuerda y los cubos apilables son los ideales en esta etapa.

9 a 12 meses

Alrededor de los 9 a los 12 meses los movimientos del bebé son muchos más controlados, puede ubicar sus dedos en forma de pinza logrando así un mayor control de su mano permitiéndole agarrar objetos más pequeños y soltarlos voluntariamente. Además su desarrollo cognitivo es mayor, lo divertirá y se interesará mucho por los juegos de poner y sacar (de encastre) y aquellos que imitan los objetos que utilizan los grandes como ser los teléfonos de juguete con sonidos. Los aros que se colocan en un tubo central, los cubos que se insertan uno dentro del otro son también ideales en esta etapa. Es importante que siempre controles que sean seguros, minimizando los riesgos de accidentes.

12 y 18 meses

Entre los 12 y los 18 meses aproximadamente las capacidades de tu hijo para interactuar con el medio son cada vez mayores, es posible que haya dado sus primeros pasos y si aún no lo hizo también próximamente lo hará. Es importante que le brindes un lugar seguro donde pueda jugar y explorar sin limitaciones sin tener la necesidad de estar controlándolo constantemente a que se golpee o rompa algo.
Debido a las habilidades físicas que sigue desarrollando día a día, se sentirá muy atraído por los juegos apilables, que le permitirán conocer acerca de las formas y los tamaños, los juegos de oprimir (con sorpresa) ayudan a la coordinación mano-ojo y también a descubrir el concepto de las causas y efectos de las cosas: cuando hago esto (oprimir) sucede esta cosa (salta).
Llamarán su atención los libros de cuentos, sentirá placer por las narraciones apelando a toda su imaginación.

También comenzará con sus primeros garabatos, un hermoso signo de su creatividad. Crayones y hojas en mano aunque muchas veces utilizará otras superficies.
Los bloques de plástico que se encajan unos en otros ofrecen una mayor coordinación pues encajarlos exige una enorme precisión y fuerza.
Verás como pronto utilizará su imaginación para construir casas, castillos, etc.

18 y 24 meses

Entre los 18 y los 24 meses aproximadamente tu hijo será cada vez más independiente, la coordinación al caminar está cada vez más desarrollada, incluso vas a poder ver como puede correr en determinados momentos. Es por ello que los juegos con pelota le resultarán muy interesantes y divertidos, podrá tirarla, patearla e incluso jugar con toda la familia.
Los juegos al aire libre, jugar en la arena, trabajar con plastilina, actividades musicales, todo esto mantendrá a tu hijo divertido y entretenido.
Jugar con autos, trenes y muñecos le va a brindar a tu hijo muchas oportunidades para desarrollar toda su imaginación.

2 y 3 años

Alrededor de los 2 y los 3 años tu hijo está y se sentirá capacitado para hacer muchísimas cosas, puede mantener la atención por períodos cada vez más largos, necesita y pide cada vez más estímulos.
Es una edad en donde disfrutará mucho de los títeres, el diálogo, las canciones, los cuentos, le encantará disfrazarse e imitar todas las acciones de los adultos. Es una etapa muy rica en la creatividad.
Los rompecabezas también llamarán mucho su atención y por supuesto todas las actividades de destreza física como los triciclos, bicicletas, jugar en una pileta, jugar a la pelota, saltar y correr.

 

Lic. Carolina Micha
Especialista en desarrollo infantil de Primeros Pasos Producciones
MN: 27874